Santa Biblia — Reina-Valera 1909 · RV1909

Salmos 144

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1Salmo de David. BENDITO sea Jehová, mi roca, que enseña mis manos á la batalla, y mis dedos á la guerra:

2Misericordia mía y mi castillo, altura mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que allana mi pueblo delante de mí.

3Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que de él conozcas? ¿ó el hijo del hombre, para que lo estimes?

4El hombre es semejante á la vanidad: sus días son como la sombra que pasa.

5Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende: toca los montes, y humeen.

6Despide relámpagos, y disípalos; envía tus saetas, y contúrbalos.

7Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hijos extraños;

8Cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira.

9Oh Dios, á ti cantaré canción nueva: con salterio, con decacordio cantaré á ti.

10Tú, el que da salud á los reyes, el que redime á David su siervo de maligna espada.

11Redímeme, y sálvame de mano de los hijos extraños, cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira.

12Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud; nuestras hijas como las esquinas labradas á manera de [las de] un palacio;

13Nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte [de grano]; nuestros ganados, que paran á millares y diez millares en nuestras plazas:

14[Que] nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; [que] no [tengamos] asalto, ni [que hacer] salida, ni grito de alarma en nuestras plazas.

15Bienaventurado el pueblo que tiene esto: bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.