Santa Biblia — Reina-Valera 1909 · RV1909
Salmos 86
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1Oración de David. INCLINA, oh Jehová, tu oído, y óyeme; porque estoy afligido y menesteroso.
2Guarda mi alma, porque soy pío: salva tú, oh Dios mío, á tu siervo que en ti, confía.
3Ten misericordia de mí, oh Jehová: porque á ti clamo todo el día.
4Alegra el alma de tu siervo: porque á ti, oh Señor, levanto mi alma.
5Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
6Escucha, oh Jehová, mi oración, y está atento á la voz de mis ruegos.
7En el día de mi angustia te llamaré: porque tú me respondes.
8Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, [ni obras] que igualen tus obras.
9Todas las gentes que hiciste vendrán y se humillarán delante de ti, Señor; y glorificarán tu nombre.
10Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas: tú solo eres Dios.
11Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad: consolida mi corazón para que tema tu nombre.
12Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón; y glorificaré tu nombre para siempre.
13Porque tu misericordia es grande para conmigo; y has librado mi alma del hoyo profundo.
14Oh Dios, soberbios se levantaron contra mí, y conspiración de fuertes ha buscado mi alma, y no te pusieron delante de sí.
15Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad;
16Mírame, y ten misericordia de mí: da tu fortaleza á tu siervo, y guarda al hijo de tu sierva.
17Haz conmigo señal para bien, y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; porque tú, Jehová, me ayudaste, y me consolaste.